{"id":7,"date":"2022-04-08T08:01:57","date_gmt":"2022-04-08T08:01:57","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.harvard.edu\/wrex\/?p=7"},"modified":"2022-04-09T08:02:16","modified_gmt":"2022-04-09T08:02:16","slug":"7-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archive.blogs.harvard.edu\/wrex\/7-2\/","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"<p>Sally-Anne<\/p>\n<p>Cuando sali\u00f3 del loft, tuvo que afrontar la gran escalera. Ciento veinte escalones muy empinados que conduc\u00edan a tres rellanos escasamente iluminados por una bombilla que colgaba de un cord\u00f3n de cables trenzados, tenue halo de luz en aquel abismo. Bajarla era un juego temerario; subirla, algo parecido a un suplicio. Sally-Ann hac\u00eda ambas cosas dos veces al d\u00eda. El montacargas ya no daba m\u00e1s de s\u00ed. Su vieja reja moteada de herrumbre\u00a0se confund\u00eda con las paredes color ocre.<\/p>\n<p>Cuando Sally-Anne abr\u00eda la puerta del edificio, la claridad terrosa de los muelles siempre la deslumbraba. A su alrededor todo eran antiguos almacenes de ladrillo rojo. En el extremo de un espig\u00f3n azotado por el viento marino se ergu\u00edan altas gr\u00faas que acarreaban los contenedores de los \u00faltimos cargueros que atracaban en ese puerto en claro declive. El barrio a\u00fan no hab\u00eda conocido la gentrificaci\u00f3n de h\u00e1biles promotores. En aquella \u00e9poca solo hab\u00edan elegido como domicilio esos espacios abandonados alg\u00fan que otro aprendiz de artista, m\u00fasicos o pintores en ciernes, j\u00f3venes sin un c\u00e9ntimo que se codeaban con\u00a0ni\u00f1os de pap\u00e1, y juerguistas solitarios que ten\u00edan problemas con la justicia. La tienda de alimentaci\u00f3n m\u00e1s cercana estaba a diez minutos en moto.<\/p>\n<p>Sally-Anne ten\u00eda una Triumph Bonneville de 650 cent\u00edmetros c\u00fabicos capaz de superar los 160 por hora, si eras tan loco de querer jugarte as\u00ed el tipo. El dep\u00f3sito azul y blanco estaba abollado de resultas de una ca\u00edda memorable cuando a\u00fan estaba aprendiendo a domar a la bestia.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas antes, sus padres le sugirieron que dejara la ciudad y fuera a descubrir mundo. Su madre garabate\u00f3 un cheque, lo arranc\u00f3 de la chequera con un gesto delicado que pon\u00eda de relieve su perfecta manicura, y se lo entreg\u00f3 a su hija, desentendi\u00e9ndose as\u00ed de ella.<\/p>\n<p>Sally-Anne consider\u00f3 la cantidad, imagin\u00f3 gastarla en juergas y borracheras pero, al final, m\u00e1s molesta por la distancia que su familia le impon\u00eda que por la expiaci\u00f3n de una falta que no hab\u00eda cometido, resolvi\u00f3 vengarse. Estaba decidida a tener un \u00e9xito tal que un d\u00eda lamentaran haberla repudiado. Un proyecto sin duda ambicioso, pero Sally-Anne contaba con una inteligencia sin igual, un cuerpo bonito y una libreta de contactos bien surtida. En su familia el \u00e9xito se med\u00eda en funci\u00f3n de la cuenta bancaria y las posesiones de las que se pudiera alardear. A Sally-Anne nunca le hab\u00eda faltado el dinero, pero tampoco la hab\u00eda atra\u00eddo nunca demasiado. Le gustaba estar rodeada de gente y, desde muy joven, le tra\u00eda sin cuidado molestar a su familia frecuentando a quienes no pertenec\u00edan a su entorno. Sally-Anne ten\u00eda sus defectos, pero hab\u00eda que reconocerle que las suyas eran amistades sinceras.<\/p>\n<p>El cielo presentaba un azul enga\u00f1oso, que no deb\u00eda hacerle olvidar que hab\u00eda llovido toda la noche. En moto, una calzada mojada no perdona. La Triumph devoraba el asfalto, Sally-Anne sent\u00eda el calor del motor entre las pantorrillas. Conducir esa m\u00e1quina le daba una sensaci\u00f3n de libertad inigualable.<\/p>\n<p>Distingui\u00f3 a lo lejos en un cruce una solitaria cabina telef\u00f3nica en esa tierra de nadie que se extend\u00eda ante ella. Ech\u00f3 una ojeada a la esfera de su reloj, que asomaba entre los botones del guante, aminor\u00f3 la marcha y fren\u00f3. Aparc\u00f3 la moto junto a la acera y le puso la pata de cabra. Necesitaba asegurarse de que su c\u00f3mplice ser\u00eda puntual.<\/p>\n<p>Cinco timbrazos, May ya deber\u00eda haber contestado. Sally-Anne sinti\u00f3 un nudo en la garganta, hasta que por fin oy\u00f3 un clic.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTodo bien?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014contest\u00f3 la voz, lac\u00f3nica.<\/p>\n<p>\u2014Ya voy de camino. \u00bfEst\u00e1s preparada?<\/p>\n<p>\u2014Supongo que s\u00ed, aunque de todos modos es demasiado tarde para\u00a0echarnos atr\u00e1s, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 querr\u00edamos echarnos atr\u00e1s? \u2014pregunt\u00f3 Sally-Anne.<\/p>\n<p>May podr\u00eda haberle enumerado todas las razones que se le ven\u00edan a la mente. Su proyecto era demasiado arriesgado, \u00bfde verdad val\u00eda la pena lo que estaba en juego? Para qu\u00e9 esa venganza si no borrar\u00eda nada de lo que hab\u00eda ocurrido. \u00bfY si las cosas no sal\u00edan como hab\u00edan previsto, y si las descubr\u00edan? Que las considerasen culpables dos veces ser\u00eda demasiado para ellas. Pero si aceptaba correr esos riesgos, era por su amiga y no por ella, as\u00ed es que May se call\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014No llegues tarde \u2014insisti\u00f3 Sally-Anne.<\/p>\n<p>Un coche de polic\u00eda pas\u00f3 por all\u00ed y Sally-Anne contuvo la respiraci\u00f3n pensando que ten\u00eda que combatir la inquietud, porque si no, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de ella cuando pasara de verdad a los hechos? Por ahora no ten\u00eda nada que reprocharse, su moto estaba bien aparcada, y utilizar una cabina telef\u00f3nica no era ilegal. El coche patrulla pas\u00f3 de largo, el agente al volante se tom\u00f3 tiempo para lanzarle una mirada seductora. \u00ab\u00a1Lo que me faltaba!\u00bb, pens\u00f3 colgando el tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>Ech\u00f3 otra ojeada a su reloj: llegar\u00eda a la puerta de los Stanfield pasados veinte minutos, saldr\u00eda de su casa antes de que hubiera transcurrido una hora y estar\u00eda de vuelta en hora y media. Noventa minutos que lo cambiar\u00edan todo, para May y para ella. Se subi\u00f3 a la moto, arranc\u00f3 el motor con un golpe de tal\u00f3n y volvi\u00f3 a ponerse en camino.<\/p>\n<p>En la otra punta de la ciudad, May se estaba poniendo el abrigo. Comprob\u00f3 que la ganz\u00faa de diamante segu\u00eda envuelta en el pa\u00f1uelo de papel en el fondo de su bolsillo derecho y pag\u00f3 al cerrajero que se la hab\u00eda fabricado. Al salir del edificio, not\u00f3 el fr\u00edo intenso. Las ramas desnudas de los \u00e1lamos cruj\u00edan, azotadas por el viento. Se subi\u00f3 el cuello del abrigo y se encamin\u00f3 a la parada a esperar el autob\u00fas.<\/p>\n<p>Sentada junto a la ventanilla, contempl\u00f3 su reflejo, se ech\u00f3 el cabello hacia atr\u00e1s y se ajust\u00f3 la horquilla del mo\u00f1o. Dos filas de asientos por delante, un hombre escuchaba una pieza de Chet Baker en una peque\u00f1a radio que ten\u00eda sobre el regazo. Su nuca se balanceaba al lento comp\u00e1s de la balada. El hombre sentado a su lado hojeaba un peri\u00f3dico ruidosamente para molestarlo tanto como My Funny Valentine parec\u00eda molestarlo a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Es la canci\u00f3n m\u00e1s bonita que conozco \u2014murmur\u00f3 su vecina de asiento.<\/p>\n<p>May la encontraba m\u00e1s triste que bonita, o a medio camino entre las dos cosas. Se ape\u00f3 seis paradas despu\u00e9s y se detuvo al pie de la colina a la hora prevista. Sally-Anne la esperaba ya en su moto. Le alarg\u00f3 un casco y esper\u00f3 a que se sentara de paquete. El motor rugi\u00f3 y la Triumph subi\u00f3 la cuesta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sally-Anne Cuando sali\u00f3 del loft, tuvo que afrontar la gran escalera. Ciento veinte escalones muy empinados que conduc\u00edan a tres rellanos escasamente iluminados por una bombilla que colgaba de un cord\u00f3n de cables trenzados, tenue halo de luz en aquel abismo. 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