{"id":65,"date":"2022-09-26T17:13:58","date_gmt":"2022-09-26T17:13:58","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.harvard.edu\/wrex\/?p=65"},"modified":"2022-09-29T15:45:41","modified_gmt":"2022-09-29T15:45:41","slug":"65-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archive.blogs.harvard.edu\/wrex\/65-2\/","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"<p>Octubre de 2016, Beckenham<\/p>\n<p>Llev\u00e1bamos media hora en la mesa y Maggie segu\u00eda sin anunciarnos su boda con Fred, ese tipo alto tan simp\u00e1tico que regentaba un gastropub en Primrose Hill. Michel estaba encantado, por dos motivos. Primero, porque le hac\u00eda mucha gracia el nerviosismo de nuestro padre, que se agitaba en su silla y apenas hab\u00eda probado un bocado de pizza. Para que Ray no cenara ten\u00eda que estar de verdad distra\u00eddo por algo, y Michel sab\u00eda muy bien por qu\u00e9. Pero por lo que se alegraba m\u00e1s a\u00fan era porque a \u00e9l Fred no le parec\u00eda tan simp\u00e1tico. La manera en que lo trataba, su hip\u00f3crita solicitud, lo incomodaban. Era como\u00a0si se creyera superior a \u00e9l. La cocina de su pub era buena, pero a Michel no le entusiasmaba tanto como los libros que devoraba en la biblioteca. Conoc\u00eda casi todos los t\u00edtulos y las secciones a las que pertenec\u00edan. Aunque eso no ten\u00eda nada de extraordinario, pues era \u00e9l quien los guardaba en su sitio en los estantes. A Michel le gustaba mucho su trabajo. Siembre reinaba el silencio, y pocos trabajos pod\u00edan ofrecer esa tranquilidad. Los lectores eran por lo general bastante amables, y encontrarles lo antes posible lo que buscaban le hac\u00eda sentirse \u00fatil. Lo \u00fanico que le molestaba era ver los libros abandonados\u00a0sobre las mesas al terminar la jornada. Por otro lado, si los lectores fueran ordenados, tendr\u00eda menos trabajo. Era l\u00f3gico.<\/p>\n<p>Antes de que le confiaran ese empleo, Michel trabajaba en un laboratorio. Consigui\u00f3 el puesto gracias a las notas obtenidas en el examen de \u00faltimo curso en la universidad. Ten\u00eda un don para la qu\u00edmica, la tabla peri\u00f3dica de los elementos era para \u00e9l la fuente de un lenguaje evidente. Pero su empe\u00f1o en experimentar con todas las posibilidades puso fin, en aras de la seguridad, a una corta carrera que se anunciaba prometedora. Pap\u00e1 protest\u00f3 por la injusticia y critic\u00f3 la estrechez de miras de sus jefes, pero fue in\u00fatil. Tras una \u00e9poca en la que vivi\u00f3 recluido en su casa, Michel recuper\u00f3 la alegr\u00eda de vivir al conocer a V\u00e9ra Morton, directora de la biblioteca municipal. Ella le dio una oportunidad, y \u00e9l se impuso el deber de no defraudarla jam\u00e1s. La facilidad con la que se puede hoy en d\u00eda investigar por Internet hab\u00eda repercutido en el n\u00famero de usuarios de la biblioteca, a veces pasaba un d\u00eda entero sin que acudiera un solo lector, pero Michel aprovechaba entonces para leer tratados de qu\u00edmica o, y esta era otra de sus pasiones, biograf\u00edas.<\/p>\n<p>Observaba a mi padre en silencio desde el principio de la cena. Maggie, en cambio, no paraba de hablar, para no decir nada, de hecho, o al menos nada que justificara ese monopolio de la palabra. Y su locuacidad preocupaba mucho a Michel. Que estuviera tan estresada tal vez presagiaba un anuncio que no ten\u00eda ganas de escuchar. Cuando Maggie se sent\u00f3 frente a pap\u00e1 y le cogi\u00f3 la mano, Michel debi\u00f3 de pensar que probablemente lo hac\u00eda para engatusarlo. Maggie no era muy dada al contacto f\u00edsico. Cada vez que la abrazaba, al saludarla o al despedirse de ella, se quejaba, protestando por que no la dejaba respirar. Y eso que Michel pon\u00eda cuidado en no abrazarla demasiado fuerte. Concluy\u00f3 que se trataba de una treta para acortar sus abrazos, y si no le gustaba abrazar a su propio hermano, ello demostraba que su teor\u00eda era acertada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Octubre de 2016, Beckenham Llev\u00e1bamos media hora en la mesa y Maggie segu\u00eda sin anunciarnos su boda con Fred, ese tipo alto tan simp\u00e1tico que regentaba un gastropub en Primrose Hill. Michel estaba encantado, por dos motivos. 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