{"id":53,"date":"2022-07-25T15:47:09","date_gmt":"2022-07-25T15:47:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.harvard.edu\/wrex\/?p=53"},"modified":"2022-07-25T15:47:09","modified_gmt":"2022-07-25T15:47:09","slug":"53-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archive.blogs.harvard.edu\/wrex\/53-2\/","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"<p>Octubre de 1980, Baltimore<\/p>\n<p>La moto sub\u00eda la ladera de la colina. Cada vez que Sally-Anne aceleraba, la rueda trasera salpicaba barro. Unas cuantas curvas m\u00e1s y se ver\u00eda la casa. May no tard\u00f3 en divisar a lo lejos las elegantes verjas negras, rematadas en puntas de metal labrado, que proteg\u00edan la propiedad de los Stanfield. Cuanto m\u00e1s se acercaban, m\u00e1s fuerte se agarraba May a la cintura de Sally-Anne, y lo hizo con tanta fuerza que esta se rio, grit\u00e1ndole al viento:<\/p>\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n tengo miedo, pero por eso mismo es tan estimulante esta aventura.<\/p>\n<p>El ronroneo del motor de la Triumph era demasiado potente para que May oyera la frase entera, solo le llegaron las palabras \u00abmiedo\u00bb y \u00abestimulante\u00bb, y eso era exactamente lo que ella sent\u00eda. Seguramente era eso lo que defin\u00eda una relaci\u00f3n perfecta, estar en la misma onda que la otra persona.<\/p>\n<p>Sally-Anne cambi\u00f3 de marcha, inclin\u00f3 la m\u00e1quina para tomar la \u00faltima curva, de ciento ochenta grados, aceler\u00f3 y se incorpor\u00f3 al salir de la curva. Dominaba la Triumph con una agilidad que har\u00eda palidecer de envidia a cualquier motero. \u00daltima l\u00ednea recta, ahora la casa se distingu\u00eda claramente en lo alto de la colina. Con su peristilo pretencioso, dominaba el valle entero. Solo los nuevos ricos y los advenedizos apreciaban un lujo tan ostentoso, y sin embargo los Stanfield se contaban entre las familias de notables m\u00e1s<\/p>\n<p>antiguas de la ciudad, hab\u00edan participado incluso en su fundaci\u00f3n. Corr\u00eda el rumor de que hab\u00edan empezado a amasar su fortuna explotando a los esclavos que cultivaban sus tierras; otras voces, por el contrario, sosten\u00edan que hab\u00edan sido de los primeros en liberarlos, y que algunos miembros de la familia hab\u00edan pagado ese hecho con su propia sangre. La historia variaba seg\u00fan el barrio en el que se contara.<\/p>\n<p>Sally-Anne dej\u00f3 la Triumph en el aparcamiento reservado a los empleados. Apag\u00f3 el motor, se quit\u00f3 el casco y se volvi\u00f3 hacia May, que se estaba bajando de la moto.<\/p>\n<p>\u2014Tienes justo delante la puerta de servicio, llama y di que has quedado con \u00abla se\u00f1orita Verdier\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si est\u00e1 en casa?<\/p>\n<p>\u2014Si as\u00ed fuera, tendr\u00eda el don de la ubicuidad, porque esa mujer que se dirige al Ford negro que ves all\u00e1 es precisamente la se\u00f1orita Verdier. Ya te lo he dicho, todos los d\u00edas a las once se toma un descanso, se sube a su precioso coche y se va al centro a darse un masaje\u2026 Bueno, es una manera de hablar, porque no se limita a darse un masaje.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY c\u00f3mo sabes t\u00fa eso?<\/p>\n<p>\u2014La he seguido lo bastante estas \u00faltimas semanas, y cuando te digo que la he seguido, cr\u00e9eme que ha sido muy de cerca, as\u00ed que puedes quedarte tranquila.<\/p>\n<p>\u2014No habr\u00e1s llevado el vicio hasta\u2026<\/p>\n<p>\u2014No tenemos tiempo para charlas, May, a Verdier le cuesta llegar al cl\u00edmax, pero dentro de cuarenta y cinco minutos habr\u00e1 tenido su orgasmito matutino y, despu\u00e9s de tomarse un s\u00e1ndwich de beicon y una Coca-Cola en el bar de al lado para recuperar fuerzas, volver\u00e1 corriendo. Y, ahora, venga, te sabes el plan de memoria, lo hemos ensayado mil veces.<\/p>\n<p>May se qued\u00f3 plantada delante de su amiga; Sally-Anne not\u00f3 que le faltaba seguridad, as\u00ed que le dio un abrazo, le dijo que era preciosa y que todo saldr\u00eda bien. La esperar\u00eda en el aparcamiento.<\/p>\n<p>May cruz\u00f3 la carretera y se plant\u00f3 delante de la puerta de servicio, aquella por la que entraban en la casa los peri\u00f3dicos, la comida, la bebida y las flores, as\u00ed como todo lo que la se\u00f1ora Stanfield o su hijo compraban en la ciudad. Con mucha educaci\u00f3n le anunci\u00f3 al mayordomo que acudi\u00f3 a abrir que ten\u00eda cita con la se\u00f1orita Verdier para una entrevista. Como hab\u00eda previsto Sally-Anne, impresionado por la autoridad natural que le daba el acento brit\u00e1nico que acababa de imitar, el empleado no le pregunt\u00f3 nada y se limit\u00f3 a hacerla pasar. Comprendi\u00f3 que hab\u00eda llegado con antelaci\u00f3n a su cita, y como no proced\u00eda hacer esperar en el vest\u00edbulo a alguien de su condici\u00f3n, la llev\u00f3, como tambi\u00e9n hab\u00eda previsto Sally-Anne, a un saloncito de la primera planta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Octubre de 1980, Baltimore La moto sub\u00eda la ladera de la colina. Cada vez que Sally-Anne aceleraba, la rueda trasera salpicaba barro. Unas cuantas curvas m\u00e1s y se ver\u00eda la casa. 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