{"id":140,"date":"2023-04-23T21:17:28","date_gmt":"2023-04-23T21:17:28","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.harvard.edu\/wrex\/?p=140"},"modified":"2023-04-24T06:57:56","modified_gmt":"2023-04-24T06:57:56","slug":"140-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archive.blogs.harvard.edu\/wrex\/140-2\/","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"<p>Junio a septiembre de 1980, Baltimore<\/p>\n<p>Keith no hab\u00eda tenido una infancia desahogada, y eso le hab\u00eda ense\u00f1ado a apa\u00f1\u00e1rselas. El primer domingo que le dedic\u00f3 al loft, se esforz\u00f3 por tirar un cable del disyuntor principal, y esa misma noche consigui\u00f3 conectarlo, a costa de una peligrosa escalada, a los bornes del transformador situado en lo alto de un poste el\u00e9ctrico que se ergu\u00eda delante de una de las ventanas. La operaci\u00f3n le llev\u00f3 el d\u00eda entero, pero el almac\u00e9n volv\u00eda a tener electricidad.<\/p>\n<p>Los d\u00edas siguientes iba al loft al salir de trabajar, y tambi\u00e9n le dedic\u00f3 el fin de semana entero. Al cabo de una semana, esa obra se hab\u00eda convertido para \u00e9l en un reto. Empez\u00f3 por reparar el parqu\u00e9 para que alg\u00fan d\u00eda pudieran instalarse escritorios encima, arregl\u00f3 los marcos de las ventanas con trozos de madera que cog\u00eda del taller donde trabajaba y cargaba en su camioneta. A su jefe no le pas\u00f3 inadvertido su tejemaneje, y si no hubiera sido tan buen ebanista, seguramente lo habr\u00eda despedido. Al concluir la primera semana<\/p>\n<p>entr\u00f3 por fin en raz\u00f3n y, ante la magnitud de la tarea, reconoci\u00f3 que nunca podr\u00eda terminarla \u00e9l solo. A cambio de unas cuantas comilonas costeadas por las dos chicas, consigui\u00f3 movilizar a varios amigos que trabajaban en la construcci\u00f3n. Aprendices de fontanero, alba\u00f1il, pintor y cerrajero fueron a ocuparse de la caldera y las ca\u00f1er\u00edas, de los radiadores de hierro que hab\u00eda que purgar, de las paredes decr\u00e9pitas y de la herrumbre que cubr\u00eda todas las superficies met\u00e1licas. May y Sally-Anne no se quedaban de brazos cruzados. Ellas tambi\u00e9n lijaban, atornillaban y pintaban, cuando no daban de comer y de\u00a0beber a la cuadrilla constituida por Keith.<\/p>\n<p>El ambiente era efervescente, pero entre ellos tres se estableci\u00f3 un sutil juego de seducci\u00f3n. Una de las chicas era experta en la materia, la otra era sincera, y Keith ya no sab\u00eda qu\u00e9 pensar.<\/p>\n<p>May lo encontraba encantador. Espiaba todos sus gestos, a la espera de que necesitara ayuda, y se las agenciaba para estar cerca en el momento oportuno. Cuando intercambiaban algunas palabras, \u00e9l clavando clavos en el parqu\u00e9 y ella lijando a su lado, descubr\u00eda que su conversaci\u00f3n era tan interesante como su f\u00edsico. Pero la mirada de Keith siempre volv\u00eda a posarse en Sally-Anne, la cual, h\u00e1bil calculadora, se manten\u00eda a distancia. May acab\u00f3 por sospechar que solo las ayudaba para reconquistarla y se guard\u00f3 sus sentimientos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Junio a septiembre de 1980, Baltimore Keith no hab\u00eda tenido una infancia desahogada, y eso le hab\u00eda ense\u00f1ado a apa\u00f1\u00e1rselas. 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